La lista de los grandes directores de cine de la historia es bastante larga, seamos sinceros. Podemos hablar durante horas y horas de los hombres y mujeres que marcaron el camino del llamado séptimo arte, a veces con una sola obra, en otros casos con una carrera larga y admirable. Pero en ese debate, siempre saldrán algunos autores que destrozaron cualquier expectativa, que abrieron infinitas posibilidades y que… bueno… podían tener al público comiendo de su mano (y pidiendo más). Sin la menor duda, uno de ellos fue Alfred Hitchcock. Podríamos citar sólo cinco de sus películas y evocar algunas de las imágenes más poderosas del arte contemporáneo, al mismo tiempo que lamentamos dejar fuera películas decisivas: esa es la magnitud de su obra… y de su humanidad, contradictoria y llena de claroscuros. Miguel Cane reflexiona sobre el cineasta británico, rey del juego de espejos, inventor del McGuffin, asesino de sus (aparentes) protagonistas, vengativo y cruel: un hombre capaz de todo por plasmar la humanidad más desquiciante en la pantalla (y lograr que nos reflejáramos en ella). Además, por si fuera poco, Raúl Fuentes platica de un estreno simpaticón: Alpha.

 


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