89: #221 Reseña Iron Fist · Capitán Pada

Este contenido trae spoilers incluídos.   elmaildepada@dixo.com @eseauto   A unos meses de terminar lo que podríamos llamar la fase 1 del universo Marvel/Netflix, para usar el mismo término que puso de moda su papá, el cine, existe una sensación, en lo general, de tranquilidad. De que todo va a salir bien, porque existen buenos cimientos. Pero no les voy a mentir, al terminar los 13 episodios de Iron Fist, tuve el mismo sentimiento que cuando salieron los créditos en la sala en la cual vi Captain América: The First Avenger. Es decir, si éste es el último escalón, antes de subir ambos pies y verlos a todos reunidos, pues existe cierto sabor agridulce. Y no lo tenía con Iron Fist. De hecho, el dulce me lo estaba saboreando muy a gusto durante gran parte de la serie. Pero la parte agria me llegó al final como esos caramelos que tienen truco y juegan con tu paladar. Pensé que Iron Fist se salvaría del mal que le he detectado a sus antecesoras: que le sobrarían episodios.  Y es que el primero planteamiento, así como el agridulce, es engañoso: Danny tendrá que pelear contra los hermanos para recuperar el legado de su padre, pero la mujer será la que más se tiene el corazón, el hermano será eliminado y el único sobreviviente de los Rand recuperará todo lo que ha perdido. Nada más falso. Afortunadamente muy pronto, como si se tratase de un móvil para bebés que cuelga sobre una cuna, cada personaje va girando, no sólo sobre su propio eje, sino sobre la órbita del microuniverso de Iron Fist. Tom Pelphrey, como Ward Meachum, es el mejor actor de toda la serie, ofreciendo un personaje que, afortunadamente, no es un villanísimo más, eso se lo deja al padre Harold, interpretado, sí, también muy bien, por el adorado David Wenham. La mencionada hermana, cuando creíamos que se convertiría en el personaje femenino principal de la serie, pronto queda en segundo plano, gracias al encanto natural de Jessica Henwick, interpretando a Colleen Wing. Tan es así, que no sólo estamos ansiosos de que se junten los cuatro Defensores, sino también ver a la maestra de artes marciales peleando al lado de la que, como en el cómic, esperemos se vuelva su mejor amiga: Misty Knight, que ya debutó en Luke Cage.   De hecho, es Finn Jones el más flojo de todos los actores de Iron Fist. No le supieron quitar pronto algunas muletillas actorales, si es que me permiten el término, y entonces agarra la manía de fruncir la nariz, hacer cara de fuchi, y hablar con voz ronca, muy a la Batman de Christian Bale.   Iron Fist se queda floja cuando se siente que la incorporación de Bakuto es precisamente por cubrir con la cuota del número de episodios que hay que entregar. Qué lejos se queda de ser un villano a la altura de Cornell Stokes o Willis Stryker de Luke Cage. Bueno, ni siquiera es un Shades, de la misma serie. Y no tiene nada que hacer frente al Kilgrave de David Tennant, o al Kingpin de Vincent D’Onofrio.    Esos son los generales, pero ahora, si me permiten, algunos particulares. Detalles, pues. Si el día del estreno nos dimos cuenta de que era un hecho de que en ésta serie, no veríamos a Iron Fist usar cualquier tipo de uniforme que hiciera referencia a los cómics. Y lo digo porque ni siquiera soltaron una imagen como lo manejaron el día del estreno de Daredevil, pues por lo menos me hubiera gustado más verlo peleando con el tatuaje del dragón en el pecho luciéndose. Recordándonos de que se trataba de ese personaje, el del nombre de la serie, y no de cualquier karateca genérico. Lo único que tenemos cercano a ello, son los harapos que usa en la nieve, de colores verde y amarillo. Por otra parte, el sufrimiento personal de Danny Rand provocado por la pérdida de sus padres nos queda claro. Muy. Desde el primer episodio. No hay necesidad de estar recurriendo al flashback del accidente del avión casi en cada episodio. Es cansado, te hace sentir un televidente idiota y te recuerda que es como cada película en la que aparece Batman: siempre tienes que ver la escena del Callejón del Crimen.   Los más grandes aciertos de Iron Fist es que, a diferencia de los otros tres Defenders, éste ya tiene ganas de ser un héroe. Este no duda o llora o se hace el que no quiere o no puede, cuando bien sabe que lo tiene todo para serlo. Si Iron Fist se convierte en un guía espiritual para Cage, Murdock y Jones, habrán dado en el clavo de lo que puede aportar para el equipo. Y sí que hará falta, porque otro de los aspectos que hay que aplaudirle a la serie de Iron Fist, es que siguen desarrollando el peligro que representa The Hand. Ahora mostrándonos que hasta pueden revivir gente, lo cual será clave para lo que venga (recuerden  en qué nos quedamos con Elektra en la temporada dos de Daredevil) y que serán, ojalá, unos enemigos formidables que motivarán la creación de los Defenders.   Iron Fist no se convirtió en el eslabón de hierro de las series Marvel/Netflix, pero  tampoco lo consideraría el más flojo. Afortunadamente, la cadena es fuerte, y no podemos esperar a verla unida.

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